TAME (Tratamiento del Envejecimiento con Metformina)

El estudio TAME (Targeting Aging with Metformin) es un ensayo clínico que tiene como objetivo demostrar que la metformina, un medicamento que se utiliza habitualmente para tratar la diabetes tipo 2, es capaz de retrasar el envejecimiento y prevenir o retrasar la aparición de enfermedades asociadas a la edad, como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares o el alzhéimer. El estudio está liderado por el doctor Nir Barzilai, que es el director del Instituto de Investigación sobre el Envejecimiento de la Facultad de Medicina Albert Einstein de Nueva York.

La metformina es un medicamento que lleva más de 60 años en uso, es seguro, barato y se puede conseguir como genérico. Su función principal es controlar los niveles de glucosa en la sangre y aumentar la sensibilidad a la insulina. La glucosa es una fuente de energía para el cuerpo, pero cuando está muy alta puede causar daños en los órganos y tejidos. La diabetes tipo 2 es una enfermedad crónica que se produce cuando el cuerpo no produce suficiente insulina o no la usa adecuadamente, lo que provoca un exceso de glucosa en la sangre. La metformina ayuda a evitar o controlar esta situación.

Pero la metformina no solo sirve para el azúcar, sino que también puede mejorar otros procesos biológicos que tienen que ver con el envejecimiento, proceso por el que el cuerpo se va deteriorando con el tiempo y pierde su capacidad de adaptarse y repararse. El envejecimiento está relacionado con el desarrollo de muchas enfermedades que afectan a la calidad y la duración de la vida. La metformina puede actuar sobre algunos de los mecanismos moleculares que intervienen en el envejecimiento y modificarlos para mejorar la salud global y retrasar el declive funcional.

Algunos de los mecanismos moleculares que modula la metformina son los siguientes :

  • Los receptores para las citoquinas, el IGF-1 y la adiponectina. Estos son unos componentes que se encuentran en la superficie de las células y que se encargan de recibir señales químicas del exterior y transmitirlas al interior. Las citoquinas son unas sustancias que regulan la inflamación, una respuesta del sistema inmunitario ante una agresión o una infección, pero que cuando es excesiva o crónica puede dañar los tejidos. El IGF-1 es un factor de crecimiento que estimula la división celular, pero que también puede favorecer el desarrollo de tumores. La adiponectina es una hormona producida por las células grasas que mejora la sensibilidad a la insulina y protege contra las enfermedades cardiovasculares. La metformina puede hacer que estos receptores funcionen mejor y equilibren las señales que reciben las células.
  • La vía del mTOR y la AMPK. Estas son dos moléculas que regulan el equilibrio energético celular y que tienen un papel clave en el envejecimiento. El mTOR es una proteína que detecta los niveles de nutrientes y oxígeno disponibles y activa o inhibe procesos como la síntesis de proteínas, el crecimiento celular o la autofagia. La autofagia es un proceso por el que las células se deshacen de los componentes dañados o innecesarios y los reciclan para obtener energía o materiales nuevos. El mTOR suele estar activado cuando hay abundancia de nutrientes, lo que puede favorecer el crecimiento celular, pero también puede aumentar el estrés oxidativo, que es un daño causado por unas moléculas llamadas radicales libres. El estrés oxidativo puede provocar mutaciones en el ADN, alteraciones en las proteínas o envejecimiento celular. La AMPK es una proteína que detecta los niveles de energía celular y activa o inhibe procesos como la producción de glucosa, la quema de grasas o la autofagia. La AMPK suele estar activada cuando hay escasez de nutrientes, lo que puede favorecer la supervivencia celular, pero también puede reducir el crecimiento celular. La metformina puede inhibir el mTOR y activar la AMPK, lo que puede mejorar el uso de la energía, la limpieza celular y la protección contra el estrés oxidativo.

Estudios previos han mostrado que la metformina previene o retrasa la diabetes tipo 2 en personas con alto riesgo de padecerla, lo que se ha comprobado en un ensayo clínico llamado Diabetes Prevention Program. En este ensayo se comparó el efecto de la metformina, de una intervención intensiva en el estilo de vida (dieta y ejercicio) o de un placebo (una pastilla sin nada) en personas con alto riesgo de diabetes. Los resultados mostraron que la intervención en el estilo de vida redujo la progresión a la diabetes en un 58% y la metformina en un 31%, en comparación con el placebo. La intervención en el estilo de vida fue beneficiosa para todos los grupos, pero la metformina tuvo un efecto mayor en las personas que eran más obesas, tenían un nivel más alto de glucosa en ayunas, habían tenido diabetes durante el embarazo o eran más jóvenes. Los efectos a largo plazo incluyeron una reducción del 18% en la diabetes con metformina en comparación con el placebo durante 15 años, una reducción de las complicaciones microvasculares entre las personas que no progresaron a la diabetes (sin diferencia entre los grupos de tratamiento) y una posible indicación de un impacto sobre la aterosclerosis (obstrucción por acumulación de grasa en las arterias) en los hombres.

También se han realizado estudios con personas con deterioro cognitivo leve, que es una condición que afecta a la memoria y al pensamiento, pero que no llega a ser demencia. Estas personas tienen un mayor riesgo de desarrollar alzhéimer. Se han hecho dos estudios con personas con deterioro cognitivo leve que recibieron metformina durante medio año o un año, y se observó que las medidas de su función cognitiva mejoraron.

El estudio TAME va a seleccionar a 3.000 personas de entre 65 y 79 años que no tengan diabetes tipo 2 ni otras enfermedades graves. A estas personas les van a dar metformina o placebo durante unos seis años y les van a hacer un seguimiento periódico para evaluar su estado de salud. El objetivo principal del estudio es medir el tiempo hasta que se produzca un evento adverso grave relacionado con el envejecimiento, como un infarto de miocardio, un cáncer, una diabetes, un ictus o la muerte. Estos eventos se consideran indicadores del impacto del envejecimiento sobre la salud y se agrupan para medir el efecto global de la metformina. El objetivo secundario es medir el efecto de la metformina sobre la función cognitiva, la movilidad, la calidad de vida y los biomarcadores del envejecimiento. La función cognitiva se refiere a la capacidad de recordar, razonar, resolver problemas y tomar decisiones. La movilidad se refiere a la capacidad de caminar, subir escaleras, levantarse o mantener el equilibrio. La calidad de vida se refiere al grado de satisfacción y bienestar que siente una persona con su vida. Los biomarcadores del envejecimiento son unas medidas que se pueden obtener a partir de muestras biológicas (sangre, orina, saliva) y que reflejan el estado de las células, los tejidos y los órganos .

El estudio TAME es pionero en abordar el envejecimiento como una causa común de múltiples enfermedades y no como una simple consecuencia del paso del tiempo. Su hipótesis es que al intervenir sobre los mecanismos moleculares del envejecimiento se puede mejorar la salud global y retrasar el declive funcional. Si se confirma esta hipótesis, la metformina podría convertirse en el primer medicamento antienvejecimiento aprobado por las autoridades sanitarias y abriría la puerta a nuevas investigaciones y terapias para prolongar la vida saludable. En tanto aguardamos los datos de este prometedor estudio, te insto a recordar que la práctica regular de ejercicio físico, la abstinencia de tabaco y la adopción de algún tipo de ayuno constituyen prácticas con efectos comprobados en el proceso de envejecimiento.

La investigación de hoy es la terapia del futuro.

 

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