“Altos en proteínas”: una moda costosa e innecesaria.

En la actualidad se observa una tendencia marcada por la proliferación de productos etiquetados como “alto en proteínas” en los supermercados. Desde yogures y barritas hasta panes e incluso helados, estos artículos se presentan como la clave para alcanzar una vida sana y enérgica. Sin embargo, es preciso analizar con rigor si realmente se necesita incrementar el consumo proteico o si esta moda responde a estrategias de marketing que, en ocasiones, sobrevaloran un aspecto que, en una dieta equilibrada, ya se satisface de manera natural.

La proteína es un nutriente fundamental, constituyendo los componentes básicos para la construcción y reparación de los tejidos, y participando en la síntesis de enzimas, hormonas y otros elementos esenciales para el correcto funcionamiento del organismo. Sin embargo, el valor nutricional de un alimento no se reduce únicamente a su contenido proteico. Los alimentos integrales, es decir, aquellos mínimamente procesados, aportan una combinación de nutrientes que actúan en sinergia y confieren beneficios adicionales, tales como fibra, vitaminas y minerales, los cuales son difíciles de replicar en productos altamente procesados o enriquecidos de forma artificial.

Para ilustrar la cuestión, consideremos el caso de una persona de 70 kg, cuyo requerimiento diario de proteína es de aproximadamente 56 gramos (70 kg × 0,8 g/kg). Se puede lograr este aporte proteico mediante una alimentación variada y basada en alimentos integrales, sin necesidad de recurrir a productos “especiales” de mayor precio. Un ejemplo de menú podría ser:

  • Desayuno: Un yogur natural acompañado de avena y un puñado de nueces, que aportan unos 15 gramos de proteína.
  • Comida: Un plato de lentejas con arroz, que suma alrededor de 20 gramos de proteína, además de proporcionar fibra, hierro y vitaminas del grupo B.
  • Cena: Una porción de pescado o pollo que suministra aproximadamente 25 gramos de proteína, junto a otros nutrientes esenciales y ácidos grasos omega-3 en el caso del pescado.

Con este menú, se cubren las necesidades diarias sin incurrir en el sobrecoste de los productos etiquetados “alto en proteínas”, los cuales, según algunos estudios, pueden llegar a tener precios hasta un 50 % superiores a sus versiones convencionales.

La industria alimentaria ha sabido aprovechar la tendencia hacia la vida saludable para posicionar en el mercado productos que, a primera vista, parecen indispensables para el bienestar. La etiqueta “alto en proteínas” se asocia a menudo con beneficios como la construcción de un cuerpo atlético, una recuperación muscular acelerada y una mayor sensación de saciedad. Sin embargo, estos beneficios no siempre se traducen en la práctica, especialmente cuando una dieta equilibrada ya proporciona la cantidad necesaria de proteína a través de alimentos integrales.

Para alcanzar un perfil nutricional óptimo, es esencial optar por alimentos que mantengan intactas sus propiedades nutricionales y que, además, aporten otros componentes beneficiosos para la salud. En este sentido, la cocina tradicional se presenta como una fuente inagotable de opciones saludables y económicas, en contraste con los productos procesados que, además de costar más, suelen incluir aditivos como edulcorantes artificiales, conservantes y azúcares añadidos, lo que puede disminuir o incluso contrarrestar sus supuestos beneficios.

Optar por una dieta basada en alimentos frescos y poco procesados supone varias ventajas:

  • Diversidad nutricional: La combinación de alimentos como legumbres, cereales integrales, lácteos, huevos, pescados y frutos secos garantiza un aporte proteico adecuado y una amplia gama de micronutrientes esenciales para el organismo.
  • Beneficios a largo plazo: Los estudios han demostrado que las dietas ricas en alimentos integrales se asocian a una menor incidencia de enfermedades crónicas, al promover una mejor absorción de nutrientes (biodisponibilidad) y un equilibrio en la microbiota intestinal.
  • Eficiencia económica: Los alimentos básicos y tradicionales suelen ser más accesibles y permiten obtener todos los nutrientes necesarios sin incurrir en costes adicionales, a diferencia de los productos especializados que responden más a una estrategia publicitaria que a una necesidad nutricional real.

La proliferación de productos “alto en proteínas” en el mercado responde, en gran medida, a estrategias de marketing que capitalizan la creciente preocupación por la salud y el bienestar. No obstante, para la mayoría de la población, una alimentación variada y equilibrada basada en alimentos integrales satisface de forma completa las necesidades nutricionales, aportando además una sinergia de nutrientes que los productos procesados no logran replicar.

Os recomiendo, por tanto, optar por una dieta que incluya legumbres combinadas con cereales integrales, lácteos, huevos, pescados y frutos secos, aprovechando la diversidad de nutrientes que estos alimentos ofrecen. Al hacerlo, se garantiza un aporte proteico adecuado y una alimentación rica en otros nutrientes esenciales para la salud a largo plazo.

La próxima vez que te encuentres con un producto etiquetado como “alto en proteínas”, reflexiona sobre si realmente necesitas esa proteína extra o si, en realidad, lo que buscas es una solución rápida y costosa que no se compara con los beneficios de una alimentación integral y tradicional. La salud y el bolsillo se verán beneficiados con elecciones conscientes y fundamentadas en la evidencia.

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