Vacunas antigripales de ARNm: Una nueva forma de enseñar a nuestras defensas

Las vacunas antigripales de ARN mensajero abren una nueva etapa en la prevención de la gripe. Su interés no reside únicamente en que emplean una tecnología diferente. Los estudios disponibles indican que pueden mejorar la protección frente a la enfermedad y favorecer una respuesta inmunitaria capaz de reconocer una mayor variedad de virus gripales. Son dos posibles ventajas relacionadas, aunque distintas, y conviene explicar con cuidado qué se ha demostrado y qué sigue en investigación.

En agosto de 2026, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó mFLUSIVA, una vacuna antigripal de ARNm desarrollada por Moderna para adultos de 50 años o más. La autorización fue ordinaria para las personas de 50 a 64 años y acelerada para las de 65 años o más, en cuyo caso la aprobación queda sujeta a la confirmación del beneficio clínico mediante estudios posteriores.

En Europa, la Comisión Europea autorizó en abril de 2026 mCombriax, una vacuna combinada frente a la gripe y la COVID-19 para adultos de 50 años o más. Se trata de una formulación concebida para abordar ambas infecciones en una sola administración.

Estas decisiones representan un avance importante en el desarrollo de vacunas basadas en ARNm. Para comprender su alcance, sin embargo, conviene distinguir entre la tecnología utilizada, la respuesta que provoca en el organismo y la protección clínica que finalmente ofrece.

La gripe exige actualizar las vacunas: El virus de la gripe tiene una notable capacidad para cambiar. En su superficie presenta proteínas que el sistema inmunitario reconoce y frente a las cuales produce anticuerpos. Entre ellas destaca la hemaglutinina, una proteína que permite al virus adherirse a las células e iniciar la infección.

A medida que el virus acumula pequeños cambios en estas proteínas, algunos anticuerpos generados frente a versiones anteriores pueden reconocerlo con menor eficacia. Este fenómeno, conocido como deriva antigénica, explica por qué la composición de las vacunas antigripales debe revisarse periódicamente.

La protección depende, entre otros factores, de la correspondencia entre los virus incluidos en la vacuna y los que circulan durante cada temporada. También influyen la edad, el estado de salud y la respuesta inmunitaria de cada persona. Por ello, ninguna vacuna antigripal garantiza una protección absoluta y su eficacia puede variar de un año a otro.

La investigación busca mejorar esta protección mediante distintas estrategias. Una de ellas consiste en conseguir que las defensas reconozcan un conjunto más amplio de variantes del virus, de modo que los cambios en su superficie reduzcan menos la capacidad de respuesta del organismo.

Vacunas de ARN mensajero: Las vacunas antigripales convencionales utilizan componentes del virus o virus inactivados para estimular las defensas. Las vacunas de ARNm siguen una estrategia diferente. Introducen instrucciones temporales para fabricar una proteína del virus, en este caso la hemaglutinina.

El organismo reconoce esa proteína como un elemento extraño y pone en marcha una respuesta inmunitaria. Se producen anticuerpos y se activan células capaces de participar en la defensa frente a una infección posterior. El ARN mensajero se degrada con el tiempo y no necesita entrar en el núcleo celular para cumplir su función. Tampoco modifica el ADN.

La vacuna no contiene el virus gripal completo y no puede provocar una infección por gripe. Su cometido consiste en presentar al sistema inmunitario una señal suficientemente reconocible para que aprenda a responder si encuentra después el virus.

En el ensayo clínico de eficacia publicado en 2026 se estudió una formulación de ARNm denominada mRNA-1010, diseñada para producir hemaglutininas correspondientes a tres cepas gripales seleccionadas para aquella temporada. La composición de las vacunas antigripales se adapta a las recomendaciones sanitarias, por lo que los componentes concretos pueden variar de un año a otro.

La ventaja potencial de esta tecnología no se limita a la rapidez con que permite modificar la formulación. También abre nuevas posibilidades para estudiar cómo se organiza la respuesta inmunitaria y si es posible ampliar el número de variantes que las defensas reconocen.

La amplitud de la respuesta inmunitaria: Una investigación publicada el 15 de junio de 2026 en Nature Immunology, dirigida por científicos de la Universidad de Washington en San Luis junto con colaboradores de otras instituciones, estudió cómo respondía el sistema inmunitario a una vacuna antigripal de ARNm y a una vacuna convencional. Su propósito no era medir directamente cuántas personas enfermaban, sino comprender qué ocurría en sus defensas después de vacunarse.

Este estudio observacional incluyó a 75 adultos sanos de entre 20 y 50 años. Treinta y ocho recibieron una formulación experimental de mRNA-1010 de cuatro componentes y 37 recibieron Fluarix, una vacuna convencional elaborada con virus inactivados y fragmentados. La investigación abarcó dos temporadas gripales consecutivas, las de 2022-2023 y 2023-2024. Las formulaciones se adaptaron a las recomendaciones de cada temporada, aunque los componentes concretos no eran idénticos en ambas vacunas debido, entre otros motivos, a las diferencias en la selección de cepas según el método de fabricación. Esta formulación experimental de cuatro componentes no debe confundirse con la de tres componentes utilizada en el posterior ensayo de eficacia clínica.

Los investigadores prestaron especial atención a los centros germinales, estructuras que se forman en los ganglios linfáticos durante determinadas respuestas inmunitarias. En ellos, los linfocitos B experimentan procesos de selección y maduración que permiten producir anticuerpos cada vez más afinados frente al antígeno que los ha activado. Una parte de estas células puede dar lugar a células de memoria, capaces de responder con mayor rapidez ante un encuentro posterior.

Los centros germinales son, por tanto, relevantes para comprender cómo se desarrolla y se mantiene una respuesta inmunitaria de calidad. Su actividad no determina por sí sola la protección clínica, pero aporta información sobre los procesos biológicos que pueden contribuir a ella.

En el subgrupo del que se obtuvieron muestras de los ganglios linfáticos, cinco de los trece participantes que recibieron la vacuna de ARNm mantenían respuestas de los centros germinales específicas frente a la gripe a las 26 semanas de la vacunación. No se detectó una persistencia equivalente en ninguno de los quince participantes que recibieron la vacuna convencional.

Los investigadores también observaron una mayor amplitud de unión de los anticuerpos frente a distintas variantes de la hemaglutinina. En términos sencillos, los anticuerpos reconocían un repertorio más amplio de versiones de esa proteína.

Este resultado merece atención, pero requiere una precisión importante. Reconocer o unirse a un mayor número de variantes no significa necesariamente neutralizarlas con la misma eficacia ni garantiza una protección clínica superior frente a todas ellas. Para determinar hasta qué punto esta amplitud se traduce en menos infecciones, cuadros menos graves u otras ventajas clínicas hacen falta estudios diseñados para medir esos resultados.

La investigación aporta, por tanto, indicios sobre cómo la vacuna de ARNm puede modificar la amplitud y la persistencia de determinadas respuestas inmunitarias. No demuestra por sí misma que proporcione una protección universal ni permite establecer cuánto duraría una eventual ventaja clínica.

La evidencia sobre la protección frente a la enfermedad procede de otro estudio, publicado en mayo de 2026 en The New England Journal of Medicine. Se trató de un ensayo clínico de fase 3, con asignación aleatoria y enmascaramiento doble, que comparó la vacuna antigripal mRNA-1010 con una vacuna antigripal convencional de dosis estándar.

Participaron 40.703 adultos de 50 años o más, distribuidos en dos grupos de tamaño similar. El objetivo principal era comparar la incidencia de cuadros gripales sintomáticos, definidos según los criterios del ensayo y confirmados mediante una prueba molecular.

Durante el seguimiento se registraron 411 casos entre los 20.179 participantes evaluables que recibieron la vacuna de ARNm, frente a 557 entre los 20.124 participantes evaluables del grupo de comparación. Estas cifras corresponden aproximadamente al 2,0 % y al 2,8 % de cada grupo, respectivamente.

La eficacia relativa estimada de la vacuna de ARNm frente a la vacuna convencional fue del 26,6 %, con un intervalo de confianza del 95 % entre el 16,7 % y el 35,4 %. El estudio cumplió los criterios estadísticos preestablecidos de no inferioridad y superioridad.

Conviene interpretar estas cifras desde dos perspectivas. La eficacia relativa del 26,6 % expresa la reducción proporcional de los casos observados en el grupo de ARNm respecto al grupo de comparación. La diferencia absoluta fue menor, de alrededor de ocho casos menos por cada mil participantes durante el periodo de seguimiento del ensayo.

Ambas cifras son correctas y describen aspectos distintos del mismo resultado. La eficacia relativa permite comparar el rendimiento de las vacunas, mientras que la diferencia absoluta ayuda a comprender la magnitud práctica del beneficio en las condiciones concretas del estudio. El intervalo de confianza permite apreciar la incertidumbre estadística de la estimación.

Hay otro aspecto que debe tenerse presente. El ensayo comparó dos vacunas, no la vacunación con la ausencia de vacunación. Por tanto, sus resultados indican que la formulación de ARNm ofreció una protección superior a la de la vacuna convencional estudiada, pero no permiten concluir que elimine el riesgo de contraer la gripe.

Tampoco deben extrapolarse automáticamente estos resultados a todas las edades, temporadas, formulaciones o situaciones clínicas. La eficacia puede variar según las cepas circulantes y las características de la población vacunada.

En conjunto, el ensayo aporta una evidencia clínica relevante. A diferencia de los estudios centrados en la respuesta inmunitaria, aquí se midió la aparición de enfermedad sintomática confirmada mediante pruebas moleculares. Esa diferencia es fundamental para interpretar correctamente el alcance de cada investigación.

Seguridad y tolerabilidad: La eficacia es una parte esencial de la evaluación de una vacuna, pero debe valorarse junto con su seguridad y tolerabilidad. Para ello se estudian tanto las reacciones que aparecen después de la administración como los acontecimientos adversos de mayor gravedad, sin asumir que todos ellos hayan sido necesariamente causados por la vacuna.

En el ensayo clínico de mRNA-1010, las reacciones tras la vacunación fueron más frecuentes en el grupo que recibió la vacuna de ARNm que en el grupo de comparación. Entre ellas figuraron el dolor en el lugar de la inyección y otros síntomas transitorios, como cansancio o molestias generales.

Los acontecimientos adversos graves se registraron en proporciones similares, del 2,2 % en el grupo de ARNm y del 1,9 % en el grupo de comparación. Los investigadores consideraron relacionados con la vacunación tres casos en el primer grupo y dos en el segundo.

Estos datos deben interpretarse en el contexto del tamaño del ensayo, el periodo de seguimiento y las definiciones utilizadas para clasificar los acontecimientos adversos. La aparición de un problema de salud después de la vacunación no demuestra, por sí sola, que la vacuna lo haya causado. Del mismo modo, un ensayo clínico de estas dimensiones no puede descartar acontecimientos muy infrecuentes ni sustituye a la vigilancia de seguridad posterior a la autorización.

La evaluación de una vacuna requiere, en definitiva, ponderar los beneficios demostrados, las reacciones esperables y los posibles riesgos. Esa valoración debe apoyarse en los resultados clínicos y en la información actualizada de las autoridades sanitarias.

Una vacuna combinada: La autorización europea de mCombriax representa otra aplicación de la tecnología de ARNm. Esta vacuna combina componentes destinados a estimular una respuesta frente a la gripe y frente a la COVID-19, con el propósito de proteger contra ambas enfermedades mediante una sola administración.

En los estudios presentados para su evaluación, la respuesta de anticuerpos fue comparable a la obtenida cuando las vacunas autorizadas frente a ambas infecciones se administraban por separado, pero de forma simultánea.

Este tipo de resultado permite valorar si una formulación combinada puede alcanzar una respuesta inmunitaria adecuada frente a cada uno de sus componentes. No demuestra, por sí mismo, que reduzca más las hospitalizaciones, las complicaciones o la mortalidad que las vacunas administradas por separado. Para responder a esas preguntas se necesitan datos clínicos específicos.

La combinación de vacunas puede simplificar la administración y facilitar la protección frente a varias enfermedades, siempre que se mantengan unos niveles de eficacia y seguridad adecuados. Su utilidad práctica dependerá también de las recomendaciones sanitarias, las características de las personas a las que se destine y la evolución epidemiológica de ambas infecciones.

Qué podemos esperar de esta tecnología: Las vacunas de ARNm han demostrado que es posible desarrollar formulaciones capaces de inducir una respuesta inmunitaria y ofrecer protección clínica frente a enfermedades infecciosas. En el caso de la gripe, los resultados de 2026 añaden dos elementos de interés.

Por una parte, un ensayo clínico de gran tamaño encontró una eficacia superior frente a una vacuna convencional de dosis estándar en adultos de 50 años o más. Por otra, una investigación centrada en los mecanismos inmunitarios observó una mayor amplitud de reconocimiento de variantes de la hemaglutinina y respuestas persistentes de los centros germinales en algunos participantes.

Estos hallazgos se complementan, pero no deben confundirse. El ensayo clínico ofrece información sobre la prevención de la enfermedad sintomática; el estudio inmunológico ayuda a comprender los procesos que pueden contribuir a la respuesta. Todavía es necesario determinar hasta qué punto una mayor amplitud de reconocimiento se traduce en una protección más duradera y eficaz frente a virus que han cambiado.

Tampoco cabe hablar todavía de una vacuna universal contra la gripe. El virus continúa evolucionando y las formulaciones necesitan adaptarse a las cepas que se espera que circulen. La tecnología de ARNm puede facilitar ese proceso y ampliar las posibilidades de diseño, pero no elimina la necesidad de vigilancia epidemiológica, evaluación clínica y actualización periódica.

La aportación más sugerente de estas investigaciones es un cambio de perspectiva. No basta con contar anticuerpos; hay que comprender qué reconocen, cómo evoluciona la respuesta y qué memoria inmunitaria permanece. Frente a un virus que cambia, el objetivo consiste en preparar unas defensas capaces de reconocer un repertorio más amplio de variantes.

La investigación avanza cuando distingue con rigor lo que sabe de lo que todavía necesita demostrar. En el caso de las vacunas de ARNm, los resultados disponibles justifican el interés por esta tecnología, sin necesidad de atribuirle propiedades que aún no se han confirmado. Su verdadero valor se medirá por la capacidad de convertir los avances moleculares en una protección eficaz, segura y duradera para las personas.

La investigación de hoy es la terapia del futuro

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